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“La Universidad de Verano es el ensayo de una institución docente dedicada a los estudios superiores de nivel universitario”, afirman Ortega y Zubiri. “No ha de entenderse este ensayo institucional como si se tratase de una obra de extensión universitaria. En la extensión universitaria el propósito es llevar la Universidad a grupos sociales de nivel inferior, en cierto modo, pues, de popularizar las ciencias. Nosotros creemos –prosigue el texto– que la nueva universidad estival debe apartarse radicalmente de este orden de intenciones. Antes bien, debe subrayar el carácter elevado de las disciplinas”. Como se ve, Ortega coloca en el centro de la discusión la esencia misma de la Universidad de Verano, dando a entender que la tarea que se les ha encomendado consiste en construir una Universidad en el sentido estricto del término institucional, y no otro tipo de institución cultural.
Ortega propuso un programa académico que abordara el estudio de un mismo asunto desde una perspectiva multidisciplinar. “Si en vez de anunciar varios cursos abstractos sobre historia, física, economía, etc., nos proponemos presentar a los estudiantes y estudiosos el siglo XVI español primero, en una exposición general de sus hechos y problemas, luego analizándolo en cada una de sus facetas e ingredientes por el físico, que fijase el pensamiento cósmico de la época, el geógrafo, el economista, el jurista, el filósofo, etc., conseguiríamos una articulación más viva y orgánica de todas esas ciencias que, al aparecer ante nosotros no en abstracto sino como miembros de la realidad viviente que fue y es en nuestra mente el siglo XVI español, cobrarían nuevo atractivo”.
Asimismo, el filósofo esbozó un posible programa basándose en la estructura inicial de los cursos de verano que distinguía entre cursos generales y cursos especiales. Observemos cómo su propuesta contenía un primer curso titulado “El estado actual del problema de las categorías: tiempo, espacio, substancia, causa, finalidad”. En el mecanoescrito, incluso, se conserva un desarrollo más pormenorizado de este ciclo, que consideraba los siguientes apartados:
Entre otros temas, vemos cómo Ortega proponía un curso sobre “El siglo XVI” y otro sobre “La técnica”, que fue el que finalmente impartió don José y que en esta primera tentativa abordaba los siguientes apartados:
Junto a ellos, Ortega incluía un curso titulado “Interpretación actual de la materia y sus problemas. La materia y sus radiaciones”; un curso general sobre “Hormonas y vitaminas”; otro alrededor de los “Problemas actuales del transformismo”, y, por último, uno sobre Economía.
Con este proyecto Ortega aspiró a “articulación de los estudios en convolutos organizados”, que no fuera incompatible con el espíritu fundacional de la institución. Para el filósofo, “si se repasa el enunciado de los cursos que integran cada grupo temático, se advierte, al punto, la existencia en ellos de una línea más o menos difusa que los divide en más o menos aptos para ser seguidos por un público no especializado”. Entendió como problema la excesiva especialización de los contenidos y el consiguiente alejamiento de los intereses de un colectivo de naturaleza heterogénea. Sin perder de vista este hecho y en su descargo, Ortega negaba creer que “el espíritu del decreto al diferenciar las enseñanzas en generales y especiales pretenda otra cosa que asegurar, por un lado, ciertas enseñanzas comunes, donde convivan todos los estudiantes, viviendo juntos la emoción intelectual de enfrontarse con grandes asuntos de interés humano general, y, por otro, segmentar luego esa comunidad en grupos de especialismo profesional”, que fue la intención materializada en el programa académico expuesto.
Ortega dando un paseo por los jardines de La Magdalena, con Antonio Rubio Sacristán, Manuel García Morente, Pedro Salinas, Xavier Zubiri y José Ortega y Gasset. 1933.
Fuente:
Blanco Alfonso, I. y Carriazo, J. R. (2005). Santander, 1932-1933. Misión de una universidad estival. Revista de Estudios Orteguianos, (12/13), 59-92.