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A lo largo de las últimas décadas ha tenido lugar en el ámbito académico japonés una discusión sobre el origen de la difusión del pensamiento de Ortega. Según investigadores como Noboru Kinoshita, Tomonori Kinoshita y Kazo Okomura, el punto de partida de la investigación sobre Ortega en Japón fue un escrito de Toshihiko Katayama y que la primera traducción fue realizada por el conocido poeta Tatsuji Miyoshi.
Otro de los principales textos que vez presentó el pensamiento de Ortega en Japón fue el artículo “José Ortega y Gasset, pensador de España” del filósofo japonés Genyoku Kuwaki (1874-1946). Por esa época, Kuwaki llevaba a cabo una gran actividad de difusión de la filosofía occidental, además de ejercer el magisterio en la Universidad Imperial de Tokio. Además, Kuwaki habría conocido la “ciudadela neokantiana” de la Universidad de Marburgo, entre 1906 y 1907, coincidiendo con la estancia del joven filósofo español, sin llegar a tener conocimiento personal el uno del otro.
Siempre alerta a cualquier movimiento que se produjese en la filosofía occidental, Kuwaki supo de Ortega por un periódico alemán: “Vi la crítica acerca de obras de Ortega presentada en un periódico alemán; quise leer su obra inmediatamente”. Es decir, Ortega llegó a Japón a partir de su recepción en Alemania. Veamos, ahora qué términos emplea Kuwaki en su presentación al lector japonés:
Según palabras de Ernst Robert Curtius, que escribe el prólogo en la traducción alemana de Unamuno y R. Bruno Ibeas en la revista recién llegada de Hochschule und Ausland, Ortega es profesor de Metafísica en la Universidad de Madrid. Principalmente fue a estudiar en Alemania –Marburgo– y conoce bien la tradición filosófica alemana. Desde 1923 publica la Revista de Occidente y en ella escribe numerosos artículos. Estudió en Marburgo y por supuesto recibió los conocimientos del neokantismo, pero Ortega tiene algo que lo diferencia del neokantismo. Se dice que su filosofía se desvía de la filosofía tradicional, que si es tradicional tiene un sistema como el del neokantismo. En otras palabras, públicamente siente el deber de denominarse literato o ensayista. No obstante, en la base de sus trabajos existen indudablemente pensamientos filosóficos, que además abarcan los de Dilthey, Cohen, Rickert, Scheler, etc. Ortega hace pleno uso y con total libertad de la literatura moderna alemana y francesa.
Por entonces, Japón ya había dado entrada a los pensadores de la llamada “filosofía de la vida”. De hecho, el comienzo de la filosofía japonesa seria se produce en 1911 con El estudio de Zen de Kitaro Nishida, quien también había introducido la obra de Bergson, poniéndola de moda en los estudios filosóficos japoneses hasta el punto de que a esta época se la conoce como del “vitalismo de Taisho”. Este interés refleja en el fondo una reacción contra la facción dominante de la filosofía alemana –principalmente Kant y el neokantismo– que desempeñó un papel importante en el campo de la filosofía en Japón. Pero se trata de una moda que sólo durará cuatro años y tras la que nuevamente volverá a su esplendor el neokantismo. Si tenemos en cuenta que el materialismo en Japón alcanzó su plena prosperidad alrededor de los años veinte y que el hegelismo lo hizo en los años treinta, se entenderá que Kuwaki fuer consciente de que se estaba adelantando al introducir a Ortega, lo que explicaría que se limitará a dejar constancia de su obra y no a analizarla, aunque sí dejará algunas indicaciones que apuntan hacia esta dirección.
Un año después de la introducción de Ortega por Kuwaki se publicó El tema de nuestro tiempo en versión japonesa. El traductor fue Shigenobu Ikejima, en cuyo prólogo presenta a Ortega como otro Unamuno, conocido en tanto que pensador español destacado en el mundo de la filosofía internacional:
Este pensador de perspicaz conocimiento y sensibilidad delicada ya fue recibido con admiración por la crítica de Inglaterra. Conmoviendo a los pensadores alemanes, llega a ser valorado en el mundo literario francés. Ortega aprecia la historia del arte, conoce con precisión la ciencia de la mente alemana que dicen abstrusa y comprende el pensamiento oriental que se enorgullece de sus profundidades, así como la cultura francesa que se enorgullece de sus sensibilidades supremas. Además, encuentra una salida a la estrechez de miras profesional alemana y sin gusto, y al espíritu liberal y comprensivo francés, una vez librado de la estrechez de espíritu y juego propios de lo francés.
Este texto nos ofrece la imagen de un Ortega muy apreciado en Inglaterra, Alemania y Francia, cuyo conocimiento no se limitaba a Occidente, sino que se ampliaba hacia Oriente. A la admiración por Ortega, hay que añadir otra opinión del traductor para quien Japón y España tienen puntos en común, ya que ambas “no tocan la cultura occidental directamente”. Su prólogo termina diciendo que “como traductor sentí simpatía internamente por la reflexión flexible y la expresión fluida y elegante de Ortega. Me parece que tiene sentido traducir este libro de entre los muchos que abstrusamente se escriben en este país”. El punto de vista de Ikejima es que España, igual que Japón, carece de una filosofía tradicional propiamente dicha y ambos países hacen su filosofía a partir de la alemana, fundamentalmente. Mientras en Japón se traduce la filosofía alemana que “es natural escribir abstrusamente”, Ikejima presta atención a “la expresión fluida y elegante” de Ortega. A la vez que presenta una opinión opuesta a la de Kuwaki, Ikejima descubre un punto en común entre España y Japón por estar en la misma situación y encuentra en Ortega una manera de expresión apta para filosofar.
Tanto el artículo de Katayama como la traducción de Miyoshi habrían pasado desapercibidos durante largo tiempo. Sin embargo, se puede afirmar que fue en 1933 cuando se realizó la primera traducción que introdujo de forma efectiva la obra de Ortega y Gasset en el mundo del pensamiento japonés.
A partir de entonces las obras de Ortega no dejarán de ser traducidas al japonés. En 1938 Ikejima publica Prolegómenos de la cultura moderna; en 1940 Hidehiko Hori traduce Estudios sobre el amor y por lo que se refiere a El temade nuestro tiempo, Ikejima lo reeditó hasta tres veces en cinco años (1937, 1938 y 1941). Esto es de especial interés ya que por esa época Japón comenzó la política de agresión que acabaría con su implicación en la II Guerra Mundial, por lo que la corriente interior de ideas que se desarrolló se adaptó a las circunstancias político-históricas del momento.
Fuentes:
Kinoshita, N., y Kinoshita, T. (2015). Ortega en Japón: expansión de su ideología. En Actas del I Congreso de español como lengua extranjera en Asia-Pacífico (CE/LEAP). Instituto Cervantes de Tokio. https://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/publicaciones_centros/PDF/tokio_2015/11_kinoshita-kinoshita.pdf
Tanaka, S. (2007). La recepción de la obra de Ortega en Japón. Revista de Estudios Orteguianos, (14/15), 105-123. https://doi.org/10.63487/reo.588