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Puerto de Buenos Aires

Primer viaje a Argentina

05/07/1916
  • Actividad pública
  • Vida

José Ortega y Gasset llegó a Buenos Aires en julio de 1916, invitado por la Institución Cultural Española para impartir un ciclo de conferencias —principalmente en la Universidad de Buenos Aires— dentro de su labor por estrechar los lazos culturales entre España e Hispanoamérica. Estas conferencias se desarrollaron entre agosto y octubre del mismo año.  

El ciclo de conferencias se titularía “Introducción a los problemas actuales de la filosofía”. En este se recopilaban nueve conferencias y nueve lecciones sobre la Crítica de la razón pura y dos conferencias, previstas pero finalmente no realizadas, bajo el título “Cómo Miguel de Cervantes solía ver el mundo”. Para Ortega, sin embargo, el viaje a la Argentina iba mucho más allá de cumplir con este programa. Destaca en reiteradas ocasiones —tanto ante la prensa como ante el público que asistía a sus lecciones y conferencias— que el viaje producía en él, además de una particular gratitud, una gran curiosidad. Gratitud, ya que la visita se realizaba en una época de grandes acontecimientos a nivel mundial, y esto producía en el auditorio un interés particular por la filosofía. Al mismo tiempo, llegaba con suma curiosidad: éstas eran para él tierras aun jóvenes y, por lo mismo, terreno fértil donde se pudiera construir una nación a la altura de los tiempos. Ortega tuvo la certeza de que desde su lugar de intelectual podía acercar esta idea a los argentinos e incitarlos a llevar esta tarea adelante. 

El filósofo madrileño relata el éxito de la primera conferencia del 7 de agosto. Sin embargo, cuando el doctor Avelino Gutiérrez va a buscarlo para llevarlo a la Facultad para la segunda conferencia, se encuentra con que la calle Viamonte (sede de la Facultad de Filosofía y Letras hacia 1916) estaba ocupada por la fuerza pública. Tal era el número de jóvenes que deseaba asistir a sus conferencias que se habían producido forcejeos y se había llegado a romper un cristal del edificio. “¡Y toda esta turbulencia y tanto desmán, no más que por el afán de escuchar una lección filosófica de un mocito gallego, ocho días antes totalmente desconocido!”, recordaría años más tarde. 

Ortega destaca desde su primera conferencia que lo que lo había traído al país era, en gran medida, el afán de conocer la intimidad argentina. En palabras de Ortega, con su primer encuentro con los argentinos buscaba “penetrar en su morada interior, descubrir vuestro modo genuino de temblar ante la vida, inclinándome respetuoso sobre vuestra alma”. En definitiva, Ortega buscó dirigirse al pueblo argentino desde la sinceridad, una sinceridad que requería conocer el país no como un turista sino, como dirían unas líneas más adelante, como “un viajero cordial, que no va de tierra en tierra y de urbe en urbe, sino de pecho en pecho y de alma en alma”. Y si bien hacia el final de sus conferencias manifestaba no considerarse más que un “entusiasta que pasa”, estuvo sin embargo convencido de haber encontrado en Argentina un pueblo con grandes aspiraciones y, a la vez, con un destino que exigía un significativo esfuerzo por parte de los individuos.  

La República Argentina se presentaba ante los ojos de Ortega como un país con un alto potencial para constituirse como nación, pero que, a causa de su juventud política y social, no era capaz de asumir aún su propia circunstancia y trabajar para poder alcanzar ese futuro promisorio con el que contaba. La Argentina retrasaba todavía, a juicio de Ortega, su avance hacia aquella gran nación que tenía capacidad de ser 

Su presencia fue un evento intelectual y social de gran resonancia. Ortega, entonces un joven filósofo de 33 años, causó una honda impresión en los círculos académicos, literarios y periodísticos argentinos, ayudando a difundir sus ideas (como el perspectivismo y la razón vital) en América. Este viaje marcó el inicio de su influencia decisiva en el pensamiento iberoamericano y el comienzo de una relación duradera con Argentina, país al que volvería en su exilio en 1939 y donde tendría una importante actividad editorial, entre la que se encuentra el apoyo a la fundación de la revista Sur por Victoria Ocampo, en 1931. 

En la conferencia pronunciada en el teatro Odeón de Buenos Aires para el público de la revista Nosotros, rescata el nacimiento de una nueva sensibilidad, incita a la juventud argentina a abandonar el pesimismo, el escepticismo y la propensión utilitaria preconizada por el ideario positivista del siglo XIX e, incluso, les invita a rechazar el intelectualismo de la cultura francesa que sufre un “transitorio decaimiento”, para afirmar su dinamismo creador, su entusiasmo y su encendimiento por fuertes ideales nobles. El éxito de sus conferencias le permitió actuar como en la universidad española y convencerse de la oportunidad de su misión educativa en los dos ámbitos. 

Fuentes: 
Asenjo, C. y Garbaraín, I. (2000). Viaje a la Argentina. Revista de Estudios Orteguianos, (1), 29-66. 

Fonck, B. (2014). Argentinidad y europeísmo en Ortega: dos miradas complementarias. Revista de Estudios Orteguianos, (29), 115-130. https://doi.org/10.63487/reo.372 

Mora Perpere Viñuales, M. (2015). Ortega y Gasset, a cien años de su llegada a la Argentina. Revista Cultura Económica, 33(89), 64–72. https://repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/2021/1/ortega-gasset-perpere-vinuales.pdf 

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