- Actividad pública
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La Generación española de 1914 podría haber pasado a la historia como “Generación de 1913”, que es el año en que varios de sus principales representantes constituyen la Liga de Educación Política Española y realizan uno de los primeros actos de este grupo: el homenaje a Azorín en los jardines de Aranjuez, el 23 de noviembre. El evento fue interpretado como un desagravio frente a la “vieja política” por haber sido postergado el novelista levantino dos veces en su intento de acceder a la Real Academia Española. Por otra parte, sería en 1913 cuando Azorín, en unos artículos publicados en ABC, se apropiaría del concepto de Generación del 98 para definir a la propia frente a la nueva, frente a lo que antes habían escrito Gabriel Maura y José Ortega y Gasset que hablaron de la generación de 1898 como la propia.
Los méritos del escritor eran múltiples, pero no será elegido y ello suscitó polémicas, críticas violentas, y, también, la idea de tributar un homenaje al escritor, en cuya organización intervienen principalmente José Ortega y Gasset y Juan Ramón Jiménez. Tres días antes, el periódico El País anuncia el acto bajo un título polémico: “Otro motín de Aranjuez. Por Azorín y contra la Academia”. Ortega, como uno de los organizadores, escribe al director de aquel periódico, Roberto Castrovido, una carta:
Mi muy estimado amigo: Al anunciar hoy El País la fiesta modestísima que vamos a dedicar a Azorín, da al homenaje un carácter turbulento que, en opinión de algunos entre los iniciadores, ni tiene ni es bueno que tenga. […] Mas se trata, no de darnos el buen sabor de disparar unos cuantos adjetivos contra la venerable institución, sino de marcar simplemente nuestro justificado deseo de que Azorín sea académico. […] Porque parece fuera de duda que algunas páginas de este escritor seguirán irradiando noble emoción estética dentro de algunos siglos. Luego, cuando el tiempo pasa, se sonrojan los españoles de haber dejado vivir en el olvido y el desdén a sus mejores artistas. […] Vayamos, pues, no en contra de la adusta dama Academia, sino en pro de Azorín.
Finalmente, el domingo 23 de noviembre se llevan a cabo en Aranjuez los actos en honor de Azorín. Acude una cincuentena larga de escritores, artistas y periodistas, a los que se suman numerosas adhesiones. Entre los asistentes figuran Francisco Acebal, Corpus Barga, Manuel Bartolomé Cossío, Enrique Díez-Canedo, Luis Fernández Ardavín, Fernando Fortún, Luis Gabaldón, Victoriano García Martí, Ramón Gómez de la Serna, Alberto Jiménez Fraud, Francisco A. de Icaza, Julio Antonio, Enrique de Mesa, Víctor Said Armesto, Pedro Salinas, Ángel Vegue y Goldoni, entre otros.
Tras el banquete y los brindis, los asistentes se desplazan a los jardines y en ellos, ante un cenador, se suceden las intervenciones. La primera sería la de Ortega y Gasset, para ofrecer el homenaje. A continuación, Juan Ramón Jiménez, que lee su poema A Azorín, agasajado en los jardines de Aranjuez:
Hoy, el lenguaje eterno de este silencio claro
que impulsa al infinito las anchas fantasías,
puro por el ejemplo del instante preclaro,
arrulla la más noble de las alegorías
¡Alza, amigo y maestro, la iluminada frente
que enflora la amistad!
[…]
Continuaría el escritor Ramón de Basterra seguidamente, para leer una carta de Pío Baroja remitida desde París. Y de nuevo Juan Ramón Jiménez, recitando el poema enviado por Antonio Machado desde Baeza: “Desde mi rincón. Elogios. Al libro Castilla, del maestro Azorín con motivo del mismo”, cuyos versos son testimonio de admiración, de identificación, de hondas inquietudes españolas, de ilusiones y esperanzas españolas también.
Tras de estas intervenciones, la de Azorín, que pondrá fin al acto, con palabras que dan fe de noble inquietud social, de preocupación y pasión españolas, y explican el sentido profundo del acto:
No es principalmente una orientación literaria lo que, a mi parecer, nos congrega aquí. La estética no es más que una parte del gran problema social. Para los que vivimos en España; para los que sentimos sus dolores; para los que nos sumamos —¡con cuánta fe!— a sus esperanzas, existe un interés supremo, angustioso, trágico, por encima de la estética.
La jornada la resumirá y valorará certeramente Juan Ramón Jiménez: “Fue el día entero cual un artículo de Azorín: justo, espiritual, delicado”.
Fue también aquella jornada la manifestación pública y la constatación de la existencia de una larga serie escritores a los que el paso del tiempo consagraría como formantes de una nueva Edad de Oro de la Literatura Española. Y esos escritores presentes, física o espiritualmente (se adhirieron, entre otros, Pérez Galdós, Eugenio d’Ors, Benavente, Valle-Inclán, Manuel Machado, Gregorio Martínez Sierra, Pedro de Répide…), estaban allí, en los jardines de Aranjuez, en una tarde otoñal de poéticas sugerencias, congregados por el nombre de Azorín.
Ortega con los asistentes en los jardines de Aranjuez durante en el acto de homenaje a Azorín.
Fuentes:
Montero Padilla, J. (2003, noviembre 24). Fiesta literaria en Aranjuez. Rinconete, Centro Virtual Cervantes: https://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/noviembre_03/24112003_02.htm
Zamora Bonilla, J. (2015). Una generación modernizadora. Reseña de “Intelectuales y reformistas. La Generación de 1914 en España y en América”. Revista de Estudios Orteguianos, (30), 207-208. https://doi.org/10.63487/reo.368